La creatividad que olvidamos.

La creatividad que olvidamos.
"Todos somos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil"

Albert Einstein. Físico alemán de origen judío 1879-1955

 

 

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¿Eres capaz de generar ideas o soluciones a planteamientos formulados y sabes, además, que no siempre la primera respuesta es la mejor?

¿Sí? Entonces diremos que posees un pensamiento fluido y que eres mentalmente ágil.

¿Eres capaz de manejar y dirigir opciones alternativas en diferentes aspectos de la vida, en diferentes ámbitos? ¿Eres capaz de abrir y expandir tu mirada y buscar más allá de donde aparece escrito “fin” o “imposible”?

En este caso diremos, también, que posees una personalidad flexible, capaz de adaptarse a los perfiles menos amables o menos sencillos del día a día y de la vida. “Be water, my friend!”… ¿Te suena?

¿Eres capaz de generar ideas que nunca a nadie se le habían ocurrido antes? ¿A menudo visualizas los problemas a través de una mirada alternativa y diferente, aunque de entrada resulte extraño y poco convencional?

Si la respuesta es sí, entones no cabe la menor duda: eres una persona tocada por la varita mágica de la originalidad.

Y, por último: ¿eres capaz de evolucionar una idea preexistente hasta llegar a una completamente novedosa y sorprendente? ¿Eres de los que partiendo de un concepto o un elemento real, a base de elucubrar e imaginar, acabas obteniendo otro completamente diferente?

Es evidente, entonces, que posees una clara capacidad de “elaboración”

Y todo esto qué significa, te estarás preguntando, ¿verdad?

Pues significa, ni más ni menos, que eres una persona creativa y que el pensamiento divergente es una de tus herramientas habituales.

Según los expertos en la materia, “la creatividad se puede entender como la habilidad de formar nuevas combinaciones de ideas para llenar una necesidad” y según el Diccionario de la Real Academia Española, la creatividad se definiría como la “facultad de crear y como la capacidad de creación”.Por lo tanto, como la habilidad que es, según parece, la creatividad se puede cultivar y entrenar.

El gran publicista Lluís Bassat define la “buena creatividad” como “hacer algo original y diferente, mejor que como lo han hecho los demás, y lograr que se convierta en el nuevo modelo a seguir o la nueva manera de hacer”. Para el filósofo José-Antonio Marina “crear es hacer que algo valioso que no existía, exista; sin embargo Steve Jobs opinaba que la “creatividad es, simplemente, conectar cosas”…

En un punto, al menos, están de acuerdo: algo que no existía, a partir del proceso creativo, existe. Pero ¿qué motor pone en marcha ese proceso?…

Pues parece ser que la curiosidad.

No nos engañemos: detrás de cada persona creativa se esconde, siempre, un gran curioso. Sin curiosidad no hay creatividad. Sin interés, ni motivación, ni capacidad de asombro el mundo no nos seduce y no nos apasiona, no nos emociona y, sin pasión, no hay acción.

La emoción genera movimiento, pero no sólo en el sentido estricto de “estoy en un punto A y me desplazo hasta un punto B”. La reacción-pasión genera movimiento en el sentido de que algo se mueve, también por dentro, desde su estado original hasta un nuevo estado o posición, ya sea física o emocionalmente. Algo se mueve, por ejemplo, desde su plácida zona de confort, en la que no ocurre nada excepcional, hasta una zona desconocida, menos estable pero más interesante y novedosa, es decir, más emocionante.

Ese “pasar a la acción” es la creatividad dando respuesta a la curiosidad.

Los niños son curiosos y viven desde la emoción. La curiosidad mueve sus vidas. Lo queramos o no, la creatividad es la respuesta natural a sus inquietudes: reaccionan, naturalmente, a todos los estímulos, externos e internos, que reciben, imaginando, “inventando”, creando… y moviéndose,  ¡por supuesto!

Como dice Sir Ken Robinson, reconocido, a nivel mundial, como un experto en creatividad y educación , la vida es orgánica y creativa y estar vivo es un proceso creativo

Parece ser, sin embargo, que la creatividad se planta en medio de nuestra vida provista de una fecha de caducidad muy próxima en el tiempo…

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… Robinson tiene muy claro por qué dejamos de ser creativos a medida que vamos creciendo: “Los niños arriesgan, improvisan, no tienen miedo a equivocarse; y no es que equivocarse sea igual a creatividad, pero sí está claro que no puedes innovar si no estás dispuesto a equivocarte, y los adultos penalizamos el error, lo estigmatizamos en la escuela y en la educación, y así es como los niños se alejan de sus capacidades creativas”.

En este mismo sentido, Petra M. Pérez, catedrática de Teoría de la Educación de la Universidad de Valencia, y miembro del Instituto de Creatividad e Innovaciones Educativas de dicha universidad, nos advierte: “Hay numerosas investigaciones que señalan que la creatividad de los niños decrece con los años de permanencia en el sistema educativo, de forma que la curiosidad y la búsqueda creativa da paso, con el tiempo, a comportamientos más rígidos, convergentes e inflexibles”.

Si tenemos en cuenta que algunas de las características básicas del pensamiento creativo son, como hemos visto en el “interrogatorio” inicial, la fluidez, la flexibilidad, la originalidad y la elaboración, al hilo de las afirmaciones de los dos expertos citados, podemos llegar fácilmente a la conclusión de que la educación mata la creatividad porque, lo creamos o no, en la actualidad, en pleno siglo XXI, la educación/ sistema educativo, aún se configura alrededor de estructuras rígidas, inflexibles, estandarizadas y sustentadas en el pensamiento convergente y lineal, y obviando la diversidad y la naturaleza original de los alumnos… e incluso de muchos de sus docentes, que se convierten, también, en víctimas de un sistema obsoleto.

Desde que nacemos, y durante nuestra infancia, la vida en sí es, para nosotros,  una experiencia estética continua, lo que significa, básicamente que:

  1. Todos nuestros sentidos están funcionando al cien por cien.
  2. Estamos ubicamos en el presente, en el momento actual, centrados en el instante, lejos del pasado y sin anticiparnos sobre hipotéticas perspectivas de futuro. Focalizados en el ahora, pero abiertos a la dispersión, utilizando el presente como trampolín para ampliar nuestra visión del mundo, abiertos a todo lo que nos rodea.
  3. Vibramos con la emoción de lo que estamos experimentando y aprendiendo.
  4. Estamos y nos sentimos plenamente vivos; no es necesario tener plena consciencia de ese sentimiento, se trata de sentirlo: vitalidad, energía, ilusión, felicidad, emoción… son una clara muestra de lo que sería sentirse plenamente vivo… como un niño.

A medida que crecemos, según Sir Ken Robinson, cuando nos incorporamos al sistema educativo y nos socializamos, experimentamos un cambio paulatino que supone justo lo contrario y nuestras vidas se van convirtiendo en una experiencia “an-estética” (anestesia). Por el camino perdemos la capacidad de sorprendernos y emocionarnos y la curiosidad, y adquirimos el miedo al fracaso y a la equivocación y empezamos a generar una tolerancia “0” respecto del error, porque nuestra sociedad previamente lo ha estigmatizado.

Robinson insiste en que la creatividad es tan importante como la alfabetización y que para ser creativos hay que:

  1. Saber escoger bien aquello que más nos motiva: nuestro elemento (“El elemento”, de Ken Robinson)
  2. Apasionarse y emocionarse.
  3. Esforzarse y actuar con disciplina.
  4. Intentarlo y volverlo a intentar (si fallamos), las veces que sea necesario, porque si no estamos dispuestos a equivocarnos, nunca se nos ocurrirá algo verdaderamente original. Especialmente ilustrativa, en este punto, la cita de Thomas A. Edison: “No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla”

En su libro, Robinson, nos anima a respetar, valorar y proteger la diversidad. Desde la aceptación de esa diversidad, nos invita a descubrir nuestro medio, “nuestro elemento” y desde nuestra elección, desde nuestro hábitat idóneo,  nos anima a conectar con la pasión que nuestro elemento natural despierta en nosotros mismos.

Según Robinson, “todos tenemos talento si sabemos descubrirlo”. La creatividad es, de alguna manera, la manifestación de un talento propio; luego, todos podemos vivir desde la creatividad, entendida como la expresión de las capacidades que nos son propias y originales, es decir: la expresión de nuestras fortalezas.

Para ello necesitamos, nos recuerda, un sistema educativo centrado en el aprendizaje social y emocional, que fomente la educación personalizada y que estimule la creatividad, la pasión, el talento, la energía… Porque necesitamos individuos felices, porque necesitamos, básicamente, preservar nuestra creatividad, esa creatividad que nosotros, los adultos, algún día olvidamos.

Y vosotros… ¿Compartís la filosofía de Sir Ken Robinson? ¿A qué edad descubristeis vuestro “elemento”? La escuela de vuestra época lo potenció o lo ignoró? En el caso de vuestros hijos: ¿os resulta sencillo identificar cuál es su elemento? ¿Su escuela lo identifica, lo respeta, lo promociona…?

Nada me gustaría más que conocer vuestras opiniones.

Gracias por leer las mías.

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4 comentarios

  1. Que curioso, nuevamente nos cruzamos. Yo también cito a Einstein: “I have no special talents. I’m only passionately curious” (A. Einstein) en la barra lateral de mi blog, y sabes que un día le dije a quien hoy es mi marido: Voy a escribirle una carta a Luis Bassat, para decirle cuanto lo admiro. Nunca lo materialicé, una lástima.
    Cada post tuyo me hace pensar. Gracias por moverme.
    Un beso! Ara

    1. :)))) Pues sí, nos cruzamos constantemente… Desde hace años!!… Y no me puede gustar más.
      Oye, no hables en pasado: escribe esa carta; ya sabes tú, mejor que muchas otras personas, que vivimos en un país que no tiene por costumbre alabar el buen hacer del prójimo… si no es para conseguir algo (hay de todo, lo sé, pero hay mucho de eso) y que no siempre se lleva los halagos quien lo merece y, en contrapartida, a veces, quien los merece, no se los lleva. Tú, sin embargo, con tu forma de hacer, demuestras, por una parte, una generosidad absoluta y, por otra, que eres capaz de mirar más allá de tu propio ombligo y eso, Ara, vistos los tiempos que corren, vale su peso en oro. Escribe esa carta y dile cuánto le admiras: te lo agradecerá, seguro! Un beso!!

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