¿Qué harías si no tuvieras miedo? (Parte I)

¿Qué harías si no tuvieras miedo? (Parte I)
"Nadie llegó a la cumbre acompañado por el miedo."

Publio Siro. Poeta dramático romano. (Siglo I AC-?)

 

2015.09.15 Sardenya. Dona'm la mà, carinyo.

“¿Qué harías si no tuvieras miedo?”… Oigo la pregunta. Creo que he sido yo.

…Y clavo mis pupilas en el espejo empañado, después de la ducha, intentando descubrir hasta qué punto he sido capaz de sorprenderme a mí misma, escupiendo esa pregunta a bocajarro; quizá la propia duda, en sí, despierta, precisamente, ese miedo tan atávico, como quizá remoto, al que me siento ligada desde siempre.

Sí, era mi voz la que preguntaba, pero era una voz lejana y monótona, con un pequeño matiz agudo y desagradable al final de la interrogación, … una sensación como de pellizco inesperado.

Tanto me desequilibra, que me vuelvo a la ducha, abro de nuevo el grifo y me dejo empapar, voluntariamente, por la caricia puntiaguda del agua… No quiero sentir. No quiero pensar.

“¿Qué haría si no tuviera miedo?…”

Y mi voz suena en mi garganta, como un susurro íntimo esta vez, más como una sutil amenaza retadora que como un manojo de palabras conciliadoras con vocación sedativa.

Sé que la voz de alarma del miedo se cuela bajo la piel en forma de contacto furtivo y allí, justo allí, donde nada crece porque la luz no llega y el agua no encuentra camino, allí, vive. Quizá ese sea el origen del propio miedo: el principio del principio, que normalmente también es el final de final.

Ese miedo que nos tapa la boca, los ojos, los oídos y paraliza nuestro corazón. Ese miedo que nos aleja de nosotros mismos, al acercarnos peligrosamente a lo que somos en realidad y a la posibilidad de dejar de serlo.

El miedo nos bloquea, nos aísla, nos limita, nos secuestra, no aliena, nos desequilibra, nos deforma… Nos empuja y nos pa-ra-li-za.

Mi mundo sin miedo…

Si no tuviera miedo, me calzaría las “botas de siete leguas” y recorrería el mundo y sus “siete mares”, a veces acompañada o a veces sola; iría en busca de ríos, lagos, mares y océanos, valles, lagunas, volcanes, arrecifes, desiertos, acantilados y cimas altas, altísimas y respiraría profundamente el aire incorpóreo de la vida, porque no tendría miedo a morir en el intento.

Si no tuviera miedo volaría a mil lugares diferentes y durante el trayecto pensaría, como siempre he pensado, que el mundo es maravilloso desde arriba y que necesariamente un orden superior (Dios o Universo, no lo sé) debe de custodiar la llave que orqueste tanta belleza.

Si no tuviera miedo, alguna vez, caminaría y caminaría hasta caer rendida, hasta no poder más, hasta el límite de mis fuerzas, por el puro placer de caminar, sin más horizonte que aquel al que cuanto más te acercas, más se aleja, como los sueños más difíciles de atrapar, pero que son los más auténticos.

Si no tuviera miedo viajaría al pasado y al futuro y viviría y moriría una y cien veces, tratando de entender todo el amor y todo el dolor del mundo.

Si no tuviera miedo algunas noches bailaría a la luz de la luna, bebería algún brebaje mágico, comería platos extravagantes, vestiría ropas recién inventadas, hablaría sin mediar palabra y respondería sólo con sonidos inarticulados…

Si no tuviera miedo, no me anticiparía a la vida, a su ritmo, a las horas, a las cosas que pasan y que pasarán, me anticipe yo, o no…

Si no tuviera miedo, prescindiría de esa coraza desproporcionada que el propio miedo es y me dejaría ser, libremente.

Si no tuviera miedo sería “li-bre” y “se-rí-a”

Pero tengo miedo… Y muchas veces no sé cómo manejarlo, ni qué hacer con él, ni qué hacer conmigo.

A la muerte, a la enfermedad, a la soledad, a la injusticia, a la crueldad, al egoísmo, al dolor, al sufrimiento, a la falsedad, al cinismo, a lo accidental, a lo vacuo, a la guerra, al horror, a la locura, a la incomprensión… A la vida, a veces. Miedo.

Infectada de miedo. Alerta frente a cualquier amenaza, real o aparente, posible, eventual, inaudita, inimaginable, etérea. Enferma de miedo.

El miedo, ese espíritu insano que camina al paso de la vida y que nos pone a prueba, y su respuesta más fácil e inmediata: la huida, esa reacción cromosómica, celular, ensayada y perfeccionada durante miles de años y que ejerce de salvavidas invisible, capaz de alejarnos del terror y de la angustia del no ser, o del no saber ser

Quizá sólo desde la serenidad podemos parar la carrera del miedo; desde la serenidad y desde la humildad más sincera de nuestro corazón.

Y tú, ¿qué harías si no tuvieras miedo?… ¿Qué haces para que tus hijos no vivan desde el miedo?… ¿El miedo está presente, a veces, en tu vida?

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4 comentarios

    1. Si, el miedo es un gran motor… QUE PARALIZA! Cuando publiqué el post, estuvimos charlando sobre el tema varias amigas y todas coincidimos en que es uno de los grandes temas de la vida. Gracias a ti, María: tantas veces un honesto y sincero espejo en el que mirarme, junto al que reflexionar y del que aprender. Un precioso placer verte por esta casa! Otro beso enorme para ti.

  1. El miedo es como un ladrón que se cuela en nuestras vidas y nos roba nuestra seguridad y equilibrio, volviendonos mucho mas frágiles ante las situaciones complicadas de la vida….Aurora

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