Un mismo mar…

Un mismo mar…
Cuando no se puede ser lo que se debe, se es lo que se puede.

Henrik Ibsen (1828-1906) Dramaturgo noruego.

 

El verano pasado fue un gran verano.

Las vacaciones ejercen ese efecto balsámico sobre nosotros que nos lleva a desconectar, reconectar, activar, desactivar, pausar, reiniciar, etc, para, así, respirar desde la distancia y poder volver a coger carrerilla e impulso para seguir adelante, porque sí, las vacaciones se acaban.

En Cerdeña, como en todas las islas, late un corazón  hermoso que emerge de entre aguas turquesas y esmeraldas.

Nadar y navegar allí, es más que hacer turismo: es entender que todos venimos de lugares comunes e inmutables.

Volvimos a casa extasiados y agradecidos por tanta belleza y tanta emoción.

La felicidad tiene muchos nombres, infinidad de colores y una amplia variedad de texturas y densidades: hay felicidades muy sutiles y etéreas y felicidades densas, compactas, con peso específico, incuestionables, tanto, que bien parece que jamás puedan llegar a desaparecer.

Turisteando por ese rincón idílico del mar Mediterráneo, sentimos esa felicidad contundente; sí, nosotros la sentimos, pero si echabas una mirada a tu alrededor palpabas su presencia en la gente que, como nosotros, había llegado hasta allí en busca de un trozo sólido de felicidad que llevarse a la boca.

La transparencia del amor
Spiaggia della Pelosa. Stintino. Sardegna (Nice Cordelia)

 

Parejas mayores, maduras, jóvenes, sin hijos, con hijos, grupos, familias, adolescentes, niños, bebés… La felicidad en el aire y en el mar. Sonrisas de sol y de verano.

Un viaje para recordar, desde luego. Finalmente, después de 10 días, emprendimos el viaje de regreso y, ya emocionalmente aterrizados, nos incorporamos a la realidad.

Y allí estaba ella, esperándonos, tan incuestionable, tan objetiva, tan terca. Tan llena de verdad y de dolor, a veces…

 

Aylan, 3 añitos. Costa turca
Imagen: www.20minutos.com

 

Esa imagen abofeteó mi ego de “ciudadanaprimermundista” y dinamitó aquella felicidad, aparentemente tan densa y tan sólida. que parecía haber llegado para quedarse forerver and ever…

Apenas unos días y dos mil quilómetros (algunos más, quizá), separaban esa brutal imagen de esta otra que yo misma tomé…

Bebé en Spiaggia di Tuerredda (Teulada-Sardegna)
En la otra orilla. Spiaggia di Tuerredda .Teulada. Sardegna. (Nice Cordelia)

 

El mismo mar, las mismas aguas. Cara y cruz. Felicidad y tristeza. Riqueza y pobreza. Vida y muerte.

El mismo mar acogió a esos dos bebés y los devolvió a la arena de forma tan diferente, que no podemos por más que agachar la cabeza, descabalgar de nuestra arrogancia y asumir que algo no estamos haciendo bien, que estamos siendo injustos, que la vida no es esto.

Se llamaba Aylan Kurdi. Tenía 3 años. Su cuerpecito sin vida apareció en una playa de la costa turca. Sus padres habían decidido luchar por alcanzar una tierra llena de promesas de libertad y de futuro.

Aylan murió un miércoles cualquiera del verano del 15. Ese mismo día yo navegaba, como él, a través de ese mismo mar. Quién sabe si mientras él perdía la vida, yo me sentía más viva que nunca.

Ha llegado diciembre. Todo sigue igual. Según los datos que nos llegan a través de los diferentes medios de comunicación e información, durante este 2015 han llegado a la U.E. más de un millón de refugiados, la mitad de los cuales proceden, como Aylan, de Siria y huyen, como su familia, de la injusticia, del terror, de la tragedia y de la dolorosa irrealidad de la guerra.

Llegados a este punto, me repito una y otra vez que la llamada “Comunidad Internacional” es sólo un concepto, que no existe, que no actúa, que no tiene tripas ni corazón, que no avanza desde la honestidad y la empatía; sus palabras son sólo palabras y sus gestos no son más que un delirante simulacro de cara a la galería; que mientras occidente y el primer mundo salen en la foto, el mar sigue llevando hasta la costa cientos de cuerpos inertes que un día, mientras todavía había lugar para la esperanza, decidieron emprender ese viaje, finalmente sin retorno.

Durante estas fechas, tan entrañables, tan llenas de buenos deseos y de grandes momentos, sería todo un detalle tener un recuerdo para esas 3.625 personas que han perdido la vida huyendo, paradójicamente, de la muerte; seguramente a otras tantas se las tragó el mar, sin más contemplaciones ni argumentos; como deseo para el próximo 2016 sería interesante que exigiéramos a las cabezas visibles de la llamada “Comunidad Internacional” soluciones y medidas efectivas que ayuden a esos millones de personas que buscan refugio y paz, a encontrarlos. No buscan vacaciones paradisíacas, ni destinos exóticos, ni cenas a la luz de las velas, ni tomar el sol mientras disparan el selfie de turno: sólo buscan un diminuto paraíso de paz, sólo un destino, sólo poder cenar, sólo ver la luz del sol cada mañana y podemos tener la certeza de que, con el paso del tiempo, no necesitaran tirar de archivo fotográfico para recordar la tragedia que vivieron durante estos años: no hay en el mundo selfies, ni pixeles, ni megas suficientes para almacenar tanto dolor.

No a todas las familias las guía una estrella en estas fechas, pero sí que podemos tenderles la mano de mil y una maneras.

Las ONG’s, en general, realizan un difícil y magnífico trabajo. Yo creo “fervientemente” en el trabajo de todas ellas y hace años que soy socia de “Médicos sin Fronteras” y de “Cruz Roja”, pero hay más, muchas más. La solidaridad no gubernamental tiene mucha más presencia que todas las “Comunidades Internacionales” del mundo juntas, pero es que además se lo curran mucho más.

¿Cuántos regalos recibiremos por Navidad? ¿Podríamos renunciar a uno de ellos, aunque fuera pequeño? ¿Qué pasaría si todos hiciéramos lo mismo y, con el importe de ese regalo al que renunciamos, colaboráramos con esa solidaridad desinteresada que mueve una parte del mundo?

 

Ellos hacen realidad tus mejores deseos
Ellos hacen realidad tus mejores deseos

 

Ya sabes: un primer paso nunca nos lleva a donde queremos, pero siempre nos saca de donde estamos. Da el primer paso: ¡muévete! ¡Renuncia! ¡Cree!

¡Gracias!

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